CUANDO MADRES Y PADRES TIENEN LA SARTÉN POR EL MANGO

El tema que queremos tratar hoy es fundamental para conseguir aquello por lo que madres y padres un día descolgasteis el teléfono o entrasteis en nuestra web y decidisteis contactarnos. Continuad leyendo porque esto os interesa. TÚ TIENES LA LLAVE.

Cuando las madres y los padres llegan a nuestro servicio por una situación tan dolorosa como es la que nos ocupa, “mi hijo me pega, me roba, me insulta, me amenaza”, muchas veces llegan con una idea de lo que puede ser la solución, poniendo el foco y el punto de mira en el/la adolescente. Ella es la que tiene que cambiar, él es el que pega, ella es la que agrede, el que rompe muebles, da portazo, insulta. Él/ella es quien tiene que CAMBIAR. Esta forma de mirar y afrontar el problema provoca en padres/madres mucha frustración puesto que llegan llenos de desesperanza al no ver ni un ápice de movimiento, ni interés, de su adolescente por cambiar.

A veces las familias llegan con la idea de que somos como un taller mecánico, nos entregan a su hijo e hija y esperan de nosotros que seamos autoridad para ellos/as y les hagamos entender que deber cambiar su comportamiento.

Esta visión, el señalar y pensar que los cambios sólo los tiene que hacer la persona que finalmente agrede, esta manera de afrontar la situación, os lo adelantamos aquí, no funciona. Una de las labores más importantes que realizaremos como equipo profesional a las familias que acudan con este pensamiento, será reenfocar a madre y padre y redirigir su mirada al conjunto de la familia. ¿Qué pueden hacer los padres y las madres ante esta situación? ¿Cuál es el abanico de posibilidades qué tienen para revertir la situación de violencia?

¿Y sí mi adolescente no quiere participar en la terapia familiar ni en las entrevistas educativas? Las madres y los padres tienen mucho que decir y qué hacer ante una situación de estas características. Son en realidad quienes tienen la sartén por el mango, pero aún no lo saben.

El estado de estrés acumulado por vivir en el conflicto abierto de manera continuada en el tiempo, hace que se sientan desbordados y carentes de herramientas y estrategias para redirigir la pirámide jerárquica familiar. Por eso, la labor de los profesionales de alrededor es tan importante para acompañar e ir desgranando lo que se puede modificar en el funcionamiento y dinámicas familiares, a la vez que rebajar la ansiedad y los nervios de madres y padres para poder trabajar.

Cuando nos vemos sumergidos en una tesitura de estas características que puede llegar a ser caótica, violenta necesitamos ordenar los pasos a seguir y cierta parte de objetividad para poder alcanzar a ver el cuadro con cierta perspectiva y así comenzar a trabajar.

Muchas madres y padres se llevan una sorpresa al ver que son ellos y ellas, mucho más protagonistas en el proceso de mejora de la convivencia, que sus propios hijos e hijas y que en ocasiones la propia persona señalada ni participa en el programa y aun así se consigue erradicar la violencia en el hogar. Incluso en ocasiones, más que como una sorpresa, se recibe como un plato de mal gusto: ¿Cómo que tengo que hacer cambios yo si quien agrede es él/ella? Pues sí. Si el/la adolescente no participa, conseguirás cambios en él y en el conjunto a través de ti. Y si el/la adolescente sí participa en el programa, tus cambios igualmente facilitarán los suyos y los del conjunto, y viceversa. Si te mantienes en el inmovilismo pensando que a ti no te toca adaptarte al conjunto, te lo pongo más claro: va a salir mal.

Con frecuencia el adolescente sí viene a participar en el programa de primeras, a analizarse y trabajar por conseguir cambios propios que repercutan positivamente en los demás. Pero igual de cierto es, que también con frecuencia, el o la adolescente no quiere colaborar y si se espera que los cambios se vayan a lograr desde él o ella, ya lo hemos dicho, esos cambios, no van a llegar.

Esto choca en un inicio con las ideas con las que viene la familia, normalmente con una visión lineal donde han buscado porqués, razones, justificaciones de lo que está ocurriendo en su hogar. Han utilizado su energía en buscar el motivo, la razón, el argumento y eso les ha restado energía para enfocarse en lo principal, la solución. Aquí es donde entramos nosotros, con nuestras preguntas y dudas redirigimos el pensamiento: ¿Qué están haciendo las madres y los padres en esos momentos de violencia? ¿Cómo reaccionan como madres-padres? ¿Qué tipo de respuesta están dando?

Los padres /madres refieren episodios de violencia que cuando preguntas por qué ha comenzado, en muchas ocasiones el motivo es totalmente banal, intrascendente. Todo ello, deriva en una discusión muy potente donde el alto grado de insultos, faltas de respeto, incluso de violencia física inunda el escenario.  Sí abres la puerta de una habitación y está repleta de llamas, ¿qué harías? ¿echar una lata de gasolina? O ¿cerrar la puerta para que no entre más oxígeno y por lo tanto no genere más fuego?

Los padres y las madres nos solicitan, reclaman pautas, herramientas para abordar las diferentes crisis a las que se enfrentan. Sería imposible enumerar todas las casuísticas que se dan dentro de la violencia filio parental, pero si nos atrevemos a mostrar ciertos pasos que podríamos generalizar o extrapolar a una familia tipo que se ve envuelta en la VFP (violencia filio-parental).

PASOS ENCAMINADOS A REVERTIR LA SITUACIÓN

  • No entres en escalada. Nada bueno sale de ahí: normalizas y validas la violencia, favoreces que ambos crucéis líneas rojas, os hacéis daño físico y emocional, la brecha se engrandece, no es un recurso válido, un día será más fuerte y un largo etcétera.
  • Pon distancia: ve a otra habitación, sal a dar una vuelta o permite que sea él o ella quién salga o cambie de habitación.
  • Dale su espacio, en general, pero especialmente en esos momentos de tensión, hay cosas que pueden esperar, la mayoría, no tiene que ser ahora.
  • Dedícate a ti, autocuidado, date tus espacios de relax, de ocio, de actividades que te gustan, de manera individual, en pareja, en grupo. Si tienes mayor bienestar individual, esto repercutirá positivamente en el conjunto y sobre todo en cómo afrontarás las nuevas situaciones de tensión.
  • No mantengas lo que pasa en casa como un secreto, el apoyo y comprensión de los cercanos es muy útil, necesario.
  • Haz equipo madre-padre, se conviva o no, es vital ir a una, ser coherentes, no os desautoricéis.
  • Si en el proceso de mejora hay un bache, no te quedes en el bache y te reafirmes en que es imposible, vuelve al camino, ibas muy bien.
  • Eres la madre o el padre y hay jerarquía, tienes que ser autoridad, pero no tienes que ganar todas las batallas, de hecho, lo estás enfocando mal. Si consigues que una situación que antes derivaba en violencia ya no derive en violencia, créenos, has ganado esa batalla y, sobre todo, has iniciado un nuevo camino, mucho más adecuado que dará mejores frutos.
  • Valora, ¿Qué es más importante, que obedezca, cumpla, haga… o el trato, la relación, el tono y la violencia? Pues pon tu energía ahí.
  • Prioriza acercarte a él/ella en el terreno emocional.
  • Ten claro el objetivo: cesar la violencia, no sufrir violencia, que mi hijo/a no normalice ejercer la violencia, lograr un mayor nivel de bienestar, parar un mal camino de la familia… no es una competición, aquí ganáis todos.

Nosotros lo tenemos claro, tú tienes la llave, la capacidad y el poder, solo tienes que cambiar tu mirada y perseverar. Y no, no es fácil, pero sí que puedes, hay margen de mejora.