LA REALIDAD DE LAS EXPECTATIVAS

Tienes que ser una buena hija o hijo, deberías ser más atento/a, tienes que ser un/a buen/a estudiante, considerado/a, detallista, preocuparte por otras personas, tendrías que ser una persona adolescente centrada, ojalá fueses más cuidadoso/a, menos chillón/a… ¿qué sucede en las relaciones cuando las personas adolescentes os “desviáis” de lo que se supone que se espera de vosotros/as? O al contrario, cuando la realidad no es tan ideal como os imaginabais.

A través de este post, desde el Centro Hobetzen queremos reflexionar sobre la influencia que tienen las expectativas en la manera que tenemos de afrontar la vida. Así como para comprender tanto lo que ocurre en tu interior como en las interacciones que estableces con el resto del mundo.

 

DE LO QUE YO ESPERO A LO QUE OCURRE

 

 

Hagamos una prueba: tras esta foto, se esconde una imagen que, observada de manera adecuada, representa una figura en 3D. Para poderla ver, es tan sencillo como que centres tu mirada en un punto fijo y la mantengas sin pestañear hasta que comiences a percibir que la imagen se torna blanca. En ese momento sin quitar la vista del punto inicial, vete separando tu cabeza poco a poco. Observarás que como por arte de magia, va sobresaliendo una silueta.

Antes de que lo compruebes por ti mismo/a, intenta responder a estas tres preguntas: ¿qué crees que se verá?… ¿si te dijéramos que es un animal lo que sobresale en la foto, cambiaría tu respuesta anterior?, en ese caso, ¿cuál esperas que pueda ser?

 

DESMONTANDO ACERTIJOS

Quienes tuvieseis un jarrón con flores delante, tal vez esperabais que fuera eso lo que ibais a ver; aquellos/as que tuvieseis hambre, quizás pensaríais que sería un alimento lo que iba a sobresalir, o quienes tengáis un perro de mascota, puede que estuvierais convencidos/as, tras la pista, que era precisamente eso lo que ibais a encontrar.

Tras todas las respuestas posibles, existe un elemento en común que hace que las personas nos movilicemos y respondamos ante diversas situaciones de diferente manera: nos referimos a algo tan recurrente y complejo como son las expectativas.

Las expectativas están formadas mediante suposiciones acerca de lo que crees que tendría que ser, en base a lo que te han enseñado y has aprendido, lo que percibes y sientes en un momento determinado y el desenlace que esperas que tenga una circunstancia determinada.

 

Se trata de un proceso automático (que realiza tu cerebro sin necesidad de poner mucha atención consciente en ello, en un periodo rápido de tiempo) y que va construyéndose a medida que vas creciendo y relacionándote con más personas. Así, van formándose tres tipos de expectativas:

  • Las externas, que recoges del entorno con el que te relacionas: familia (ojalá fueras más cariñoso/a), del colegio (ojalá te esforzaras más), de la sociedad (ojalá estos jóvenes fuesen más comprometidos), compañeros/as de clase, parejas… Te devuelven la imagen de lo que esperan de ti, e influyen de manera directa a lo largo de tu vida en los dos siguientes tipos de expectativas.

 

  • Las que tu cabeza va moldeando a través de los pensamientos, sobre cómo eres o deberías comportarte. Se van haciendo más complejos en la medida en que vas madurando y prestas atención a los procesos que van ocurriendo en tu interior: tendría que esforzarme más, no debería contestar así a mi hermano/a, podría colaborar algo más en casa, etc.

 

  • Las que vas construyendo sobre las personas con las que interactúas: mi padre se cree que no me esfuerzo por nada, por eso no espero que me ayude en la vida, de mi madre me espero siempre lo peor, nunca sabe ver lo positivo que hay en mí”, “si algún día tengo un problema, estoy convencida/o de que mi hermana va a estar ahí para ayudarme”.

 

NI BUENAS, NI MALAS, NI TODO LO CONTRARIO

Con lo visto hasta el momento, uno/a podría pensar que no es bueno tener expectativas. No obstante, es importante aclarar que las expectativas no son ni buenas ni malas, simplemente te condicionan y limitan a la hora de ser quien realmente quieres ser y en lograr aquello que deseas.

A menudo en las terapias familiares que llevamos a cabo en el Centro Hobetzen, nos hemos encontrado con personas adolescentes que, tienen dificultades parar hacer frente a las expectativas que su padre y/o madre tienen sobre ellos y así nos lo hacen saber: mis padre/madre esperan que salga siendo una hija/o diferente, “las personas adultas que tengo al rededor se creen que esto me va a cambiar…compartiendo muchos el sufrimiento por sentir que, lograr una buena relación familiar supone la pérdida de su originalidad y peculiar estilo de ser.

Tal vez tu también te veas identificado/a en ese sentimiento: como si de un círculo se tratara, esa determinada perspectiva que los demás tienen sobre vosotros/as, suelen provocaros a las personas adolescentes a su vez, ciertas expectativas en torno a vuestros/as cuidadores/as: ellos no esperan nada de mí, por tanto… ¿por qué debería esforzarme por cambiar? Resultando complicado llegar a un buen entendimiento y relación sana en la familia.

Sin embargo, existen aspectos positivos de las expectativas a valorar:

  • Te motivan para seguir haciendo cosas y poder desarrollarte.
  • Amplían tu gama de respuestas, ya que te permiten imaginarte en diferentes escenarios en los que poder poner en práctica tus capacidades.
  • Te ayudan a comprender mejor el ambiente que te rodea, pudiendo hacer frente así a la incertidumbre de lo desconocido.
  • Cuando te falta información detallada, te permiten tomar decisiones en momentos donde hay poco tiempo para reflexionar, proporcionándote calma en situaciones de crisis.

 

ADAPTADAS: COMO LA SAL, TODO EN SU JUSTA MEDIDA

¿Qué ocurriría si te desvelamos que la imagen en 3D corresponde a un tiburón?

A menudo creemos que, por el hecho de desear algo concreto, tiene que ocurrir obligatoriamente. Pero la realidad es algo más complicada y hay situaciones que se escapan del alcance de tus manos: que tu padre y tu madre se separen, que tu mejor amigo/a cambie de domicilio, que un profesor te ponga una nota menor al esfuerzo invertido…incluso que alguien se te cuele en la caja del supermercado.

Es entonces cuando la diferencia entre deseo y realidad te llevan a experimentar lo que conocemos como sentimiento de frustración.

 

Las expectativas son inevitables, pero la credibilidad que les des y la intensidad con la que te aferres a ellas, determinará cómo te sientas.

 

Muchas emociones difíciles de gestionar por su fama de desagradables como son la ira, la rabia, la tristeza o el enfado, derivan de unas altas expectativas que chocan de lleno con la realidad que te toca vivir.

Al igual que las expectativas, la frustración también resulta adaptativa, te ayuda a comprender que en la vida no siempre todo va a salir como desearías y te motiva a buscar nuevas vías para conseguir tus objetivos. Lo realmente importa será cómo gestiones esa frustración, ya que muchas veces se oculta tras la ruptura de objetos, los gritos, los consumos o las lesiones.

No se puede controlar el pensamiento ni la actitud de los demás, tampoco muchas de las circunstancias de la vida que te tocarán vivir más allá de la adolescencia.

Sin embargo, sí que puedes controlar la forma de relacionarte: cómo pienses sobre ello y cómo le hagas frente, será lo que marque la diferencia entre el sentimiento de impotencia e incomprensión o la sensación de que eres capaz de superar los problemas como una persona responsable y capaz.

CÓMO HACERLO

A continuación de dejamos algunas de las formas con las que puedes comenzar a practicar, sin permitir que sea la situación quien te controle a ti.

  1. Crea expectativas de futuro de situaciones, no de personas. 
  2. Muéstrate abierto/a a más de una opción o posibilidad de actuación.
  3. Los demás no son adivinos: expresa tus deseos con claridad de manera que quienes te rodean puedan responder de la manera más adaptada posible.
  4. Aprende a reconocer, aceptar y tolerar las emociones que te generan el hecho de que no se cumpla lo que esperabas.

 

Finalmente recuerda que, no podemos adaptarnos a todo el mundo, ya que no todas las personas esperarán lo mismo de ti. Por tanto, no es tu obligación tratar de cumplir las expectativas de los demás, pero sí está en tus manos encontrar nuevas vías por las que caminar hacia sentimientos más agradables y relaciones más positivas en muchos de los ámbitos de tu vida.

Te invitamos a que sigas descubriendo más cosas en torno a estos temas en nuestro blog de Hobetzen, con el deseo, y por qué no, una pequeña dosis de expectativas en el aire.