LA TRAMPA DEL DOBLE VÍNCULO

En el post de este mes vamos a hablar sobre comunicación, en concreto, sobre un concepto complejo que se da en ésta y que puede resultar realmente paradójico y dañino.

Para comenzar, es imprescindible partir de que es totalmente imposible no comunicar… ¿Cómo puede ser? Si me quedo en silencio no estoy diciendo nada… y ¡ahí está la cuestión! No solamente existe la comunicación verbal, la comunicación no verbal da tanta o más información que la anterior y, en ocasiones, el mensaje que lanza cada una es contradictorio.

Os ponemos un ejemplo:

Situación: un adolescente le pide salir a su madre un rato el sábado por la tarde.

Respuesta de la madre: “A mí no me pasa nada cariño…vete tranquilo” (con cara de desaprobación).

Opción A (para el adolescente): Vale, me voy…

Opción B (para el adolescente): Vale, me quedo…

Opción C (para el adolescente): ¿Realmente hay opción C? 

 

¿Qué ocurre aquí? Se han generado dos mensajes contradictorios, hagas lo que hagas, fallas. Este tipo de situaciones en las que se genera esta trampa son las llamadas: “Doble vínculo”. La teoría explica que el doble vínculo se da en momentos en los que una o varias personas emiten mensajes contradictorios verbales o no verbales en los que la persona receptora no puede escapar. Si intenta complacer a una de las partes, automáticamente estará desobedeciendo a la otra, llevándole a un estado de confusión, ansiedad e incluso culpa. Aunque poco conocido, está dinámica relacional es más común de lo que pensamos, por lo que creemos muy importante dedicar tiempo a hablar de ella y observar qué tipo de mensajes comunicamos y recibimos con el fin de evitar caer en esta trampa.

 

Ahora bien, para hablar de doble vínculo tienen que darse ciertas condiciones:

  • La relación entre emisor/a y receptor/a tiene que ser significativa.
  • Repetición continuada de este tipo de comunicación.
  • Situación de asimetría en el poder relacional (por ejemplo, madre/padre – hijo/a).
  • Los mensajes tienen que ser contradictorios, la persona recibe dos o más mensajes que se contradicen entre sí.
  • La persona no puede escapar de la situación o evitar los mensajes contradictorios.
  • Hay una evidente falta de control sobre la situación en la persona que recibe estos mensajes.
  • Al ser una relación significativa, la apuesta es alta, es decir, lo que está en juego tiene mucho valor, que es el vínculo.

¿A qué jugamos entonces? Cuando se produce doble vínculo, una persona está manipulando a la otra al quedar en una encrucijada por no cumplir lo que espera de ella, por tanto, jugamos con las cartas del chantaje.

Suponemos que te preguntarás… ¿Qué tiene que ver esto con la salud mental o cómo afecta a la relación con nuestros/as hijos/as y su bienestar?

 

Piénsalo… ¿Cómo se escapa de algo de lo que no se puede escapar? La constante confusión e incertidumbre pueden conducir a consecuencias que afecten a la persona a lo largo de su vida, en diferentes áreas. Además, al hablar de adolescentes, debemos tener en cuenta su mayor vulnerabilidad, por lo que se verán más afectados.  Por ejemplo:

  • Ansiedad y depresión: La constante confusión e incertidumbre pueden conducir a la ansiedad y la depresión.
  • Baja autoestima: La persona puede empezar a dudar de su propia valía y capacidad para tomar decisiones.
  • Problemas de comunicación: La persona puede tener dificultades para comunicarse de manera efectiva con las demás personas.
  • Problemas de salud mental: En casos graves, los dobles vínculos pueden conducir a problemas de salud mental como la esquizofrenia.
  • Dificultades para generar vínculos sanos y seguros.

 

¿En qué otras situaciones podríamos ver esta trampa?

  • Un padre que le dice a su hijo que «sé tú mismo», pero luego lo critica por ser diferente.
  • Un jefe que le dice a un empleado que «sea más creativo», pero luego le da instrucciones específicas sobre cómo hacer su trabajo.
  • Al niño le dicen que debe ser independiente, pero cuando muestra señales de independencia es castigado.
  • La niña observa una situación de tensión y agresividad constante en su familia, pero recibe el mensaje de que todo está bien y que nadie está enfadado.
  • Al adolescente que recibe el mensaje de que le echan de menos, pero cuando llega y está presente se le ignora, juzga, ataca o humilla.
  • La niña que echa de menos a sus padres que viven en otro país. Si llora y lo expresa, es criticada por ser caprichosa, pero si no pregunta por sus padres le cuestionan si no les echa de menos.
  • Alguien que te gusta te dice que tiene muchas ganas de verte y pasar tiempo contigo. Por el contrario, nunca tiene tiempo, te cancela en el último minuto y parece repetir siempre este patrón.
  • Alguien te trata como si estuviera enfadado: no te habla, no te mira, no te escucha, pero si le preguntas te dice que no le pasa nada (molesto/a).

De esta trampa podemos darnos cuenta todas las personas, tanto las que lo recibimos como las que lo generamos, ya que las consecuencias negativas son para todas. Sin embargo, esta responsabilidad recae en mayor medida en padres y madres, por el importante papel que tenemos desde esa posición.

 

¿Qué podemos hacer?

  • Identifica el doble vínculo: Piensa en tus relaciones más significativas, familiares, amistades, pareja, hijos e hijas… ¿Cómo son estos mensajes? ¿ves que hay algo que no va bien y que se podría mejorar? El primer paso es identificar los mensajes contradictorios que estás recibiendo o lanzando, y cómo te hacen sentir o lo que puede generar en los demás. Para ello es importante pararse a analizar qué tipo de comunicación tenemos.
  • Habla con alguien de confianza: Si crees que hay algo de lo que hablamos en la comunicación con ciertas relaciones, compártelo, habla con una amiga o amigo, familiar o terapeuta sobre lo que estás identificando para poder contrastarlo.

 

Una vez identificamos la presencia de doble vínculo en nuestro estilo comunicacional es hora de ponerse en marcha para corregir en la medida en la que podamos…

¿Es coherente el mensaje que estás lanzando con tu cuerpo y con la palabra?

¿Tú sabrías qué hacer al recibir tu mensaje si fueras tu hijo o hija?

¿El mensaje que está recibiendo tu hijo/a tiene una respuesta única?

 

Aquí dejamos algunos consejos más que hablan de cómo comenzar a comunicar de una manera sana

  • Establece límites: Es importante que establezcas límites con las personas que te están enviando mensajes contradictorios. De la misma manera, si crees que estás generando este tipo de mensajes, busca alternativas para comunicarte de manera más adecuada. Esta tarea puede no resultar sencilla, por lo que consultar con un/a profesional podría facilitarla.
  • Cuídate/cuida: Asegúrate de cuidarte y cuidar a las personas significativas de tu entorno.

Somos seres sociales y la comunicación en todas sus formas es el vehículo que nos permite conectar entre las personas, es por ello que cuidarla es esencial para cuidarnos.

¡Eskerrik Asko!